Coloquio Internacional: La Guerra Civil española ¿Un jeroglífico aún por descifrar?

logo ubfcMiradas exteriores sobre un conflicto nacional (1939-2019)
Université de Bourgogne Franche-Comté / Université de Rouen
Dijon, 19 y 20 de marzo de 2020

Ya en octubre de 1940, cuatro días después del encuentro de Montoire, André Corthis daba rienda suelta a su orgullo y a su gran esperanza al comprobar que Francia había “a su vez [...] recuperado esa conciencia de sí misma que es el verdadero secreto de la España de la Victoria”; Esa España recién salida del conflicto fratricida de 1936-1939 era simultáneamente un símbolo y un modelo. El carácter simbólico de la guerra de España no se perdió con la derrota del Eje. Pudo al contrario incluso ser magnificado en el contexto de la Guerra fría, en toda Europa e incluso en el continente americano. Como lo escribe Guy Hermet, “para al menos dos generaciones, la guerra de España ha sido lo que fueron para las generaciones más jóvenes la guerra de Vietnam y después las de América central: uno de los mayores mitos de nuestra época, tal vez el más impresionante de aquellos que exaltaron el ideal político, desde 1936 hasta el final de la inacabable dictadura del general Franco”.

Con ocasión de los ochenta años del final del conflicto, y tras la inmensa literatura generada desde entonces sobre el acontecimiento, tal vez sea necesario interesarse sobre lo que esos tres años de enfrentamiento han podido dejar en el imaginario colectivo de las sociedades que, directa o indirectamente, participaron en él. Se tratará pues de poner en perspectiva el alcance, allende las fronteras españolas, del enfrentamiento. Se buscará determinar los elementos constitutivos de ese símbolo – aunque cabría preguntarse si, con el tiempo, la guerra de España no se ha transformado en una especie de tótem - a través de esas generaciones de las que habla Hermet y teniendo en cuenta las particularidades de los diferentes países en los cuales pudo enraizarse. Para mejor determinar el valor simbólico intrínseco del acontecimiento, sin duda será necesario plantearse la cuestión de su utilidad en momentos precisos de la historia nacional de cada uno de los países concernidos. ¿Por qué la guerra de España fue evocada en tal o tal contexto? En cierto modo, Hugh Thomas esbozaba ya la pregunta en 1976: “a veces, un extranjero parece ser la persona menos idónea para escribir la historia de un país, y a veces, es todo lo contrario. Sin embargo, las implicaciones de la guerra de España van más allá de las propias fronteras españolas y atañen a toda Europa, tal y como fue el caso durante el conflicto3”. ¿En qué medida no fue pues “nacionalizada” en Europa o en otras partes y con qué grado de descontextualización? En suma, ¿pudo finalmente transformarse en un pretexto para focalizar la atención de cada sociedad sobre su propia realidad en detrimento de la de la España de finales de los 30? Subsecuentemente, todo ello abrirá entonces un doble debate. Primero, y como si de un espejo se tratara, sobre la percepción de los españoles sobre ese interés extranjero – empezando por los llamados hispanistas – por su país. Y, en particular, por sus horas más sombrías. En efecto, no sin amarga ironía, Cándido (Carlos Luis Álvarez) afirmaba, en el ABC del 1 de febrero de 1981 que, “cada vez que hay una desgracia en España nace un hispanista en el extranjero. Un hispanista es como un egiptólogo, como un desentrañador de jeroglíficos. La raza de los hispanistas había decaído durante la transición, pero ahora va a florecer de nuevo. Los veremos olfateándonos con cara de perdigueros y fumando en pipa. Normalmente los hispanistas fuman en pipa porque son como detectives [y] están viviendo de nuestros dramas desde antiguo”. A partir de ahí, la cuestión de la propia identidad nacional española podría también ser analizada bajo el prisma de la influencia de esa mirada exterior sobre uno de los acontecimientos centrales de la Historia contemporánea española.

El coloquio se propone pues abordar el símbolo de la guerra de España, desde su conclusión hasta nuestros días, más allá de las fronteras españolas, a través de tres ejes principales:

Simbolismo político: La guerra ocupó, evidentemente, un lugar central durante su desarrollo, pero también, por la realidad del franquismo, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría: entre “preámbulo” a 1939-1945 y escenario a escala reducida para una lucha universal. Después, con la Transición, el tan a menudo repetido valor de ejemplo de esta última sólo podía justificarse en gran medida a través del recuerdo del conflicto de 1936. Con las distorsiones posibles conocidas. Con todo, mientras en España el proceso de Transición aparecía como el contrapunto perfecto de las discordias internas que habían desembocado, cuarenta años antes, en el horror final de más de 300000 muertos y 500000 exiliados, ¿se daba el mismo fenómeno en el extranjero? En otras palabras, ¿el modelo español de transición era hasta tal punto exportable en América latina o en Europa del Este?

Simbolismo identitario: ¿En qué medida en Europa o en el continente americano la etiqueta “guerra civil española” no fue progresivamente transformada en otro de los tópicos tan manidamente relacionados con España? Tópicos aparentemente duraderos: sintomático resulta ver que, a raíz de los recientes acontecimientos en Cataluña, los periódicos franceses, por mencionar sólo un ejemplo, recurrieron más fácilmente a 1936-1939 que los españoles. Pero la guerra también pudo ser un símbolo de identidad para todos aquellos, exiliados, que se sentían ante todo desarraigados. La guerra civil ¿tenía entonces el mismo sentido para los que conocieron el éxito profesional lejos de España que para los que se limitaron primero a sobrevivir antes de tan siquiera poder empezar a vivir, a menudo a través de sus hijos nacidos en el extranjero? Sin olvidarnos tampoco del sentido del conflicto que pudo tener para los españoles que, aun residentes en el extranjero, lo eran por razones diferentes: los exiliados de 1939 y los de los años 60, ¿pertenecían realmente a la misma comunidad?

Simbolismo autorreferencial: la construcción del imaginario nacional, a lo largo de estos 80 años, ha podido difícilmente evitar el impacto de esa mirada exterior, pasada o incluso actual, sobre España como sociedad y como comunidad nacional (¿o plurinacional?). Como si, aunque fuera como trasfondo, pudieran subsistir dudas sobre la verdadera identidad nacional, con una hipotética doble interrogante: “¿Somos como dicen que somos? ¿Pueden acaso permitirnos ver lo que ignoramos ser?”. La problemática de ese eventual legado se plantea pues entonces.

Para tratar todas estas temáticas, todas las fuentes podrán ser utilizadas: medios de comunicación, discursos políticos, artes visuales, literatura, libros de texto, correos diplomáticos, etc.

Las lenguas del coloquio serán el francés, el español, el alemán, el italiano y el inglés.

Las propuestas de comunicación – un resumen de 10 a 15 líneas – deberán remitirse antes del 30 de septiembre de 2019 a: Pierre-Paul Grégorio (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.), Robert Coale (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.)

Respuesta del comité organizador prevista para el 10 de diciembre de 2019

Las actas del coloquio serán publicadas.